Articulo: Risk-based reboot for global lab biosafety

¿La bioseguridad es sostenible y proporcionada o no será?

Comentario del artículo "Risk-based reboot for global lab biosafety Kazunobu Kojima, Catherine Makison Booth, Kathrin Summermatter, Allan Bennett, Marianne Heisz, Stuart D. Blacksell, Michelle McKinney Science  20 Apr 2018: Vol. 360, Issue 6386, pp. 260-262"  DOI: 10.1126/science.aar2231. Link:  Risk-based reboot for global lab biosafety  por Xabier Abad

                                                    

Desde hace cerca de tres décadas (la primera edición de LBM, Laboratory Biosafety Manual de la Organización Mundial de la Salud, OMS, es de 1983) la Bioseguridad se ha ido implantando en diferentes países de diferentes continentes. La bioseguridad agrupaba, y agrupa, un conjunto de técnicas y procedimientos que buscan controlar la exposición a los patógenos, protegiendo al personal laboral de los laboratorios, pero también a la comunidad que los rodea, frente a liberaciones involuntarias o accidentales. Posteriormente, tras los atentados del 2001 con ántrax en Estados Unidos se desató, en opinión pública y gobiernos, la preocupación por la bioprotección, que buscaba evitar la disponibilidad y uso de patógenos, o derivados, por parte de grupos o individuos con finalidades dolosas. En ambos casos se ha vertido una cantidad ingente de tecnología y dinero en aparatos y sistemas de manera que, ahora mismo, en los países de primer mundo Bioseguridad y Biocontención son tecnología, son altamente tecnología-dependiente. Y todo esto dispara los costes espectacularmente. Y quizás no era eso, compañeros y compañeras, viene a decir el artículo.

 Incluso los laboratorios pequeños tienen costes elevados; los costes constructivos para una instalación de alta contención (o NBS3) son varias veces los de una instalación NBS2; cuando los costes operacionales entran en escena esta diferencia se hace más acusada aún. Algunos autores estiman que el presupuesto anual de mantenimiento a laboratorios de alta contención es un 10% -15% del coste total de construcción. Y todo ello arrincona, según los autores, temas quizás más importantes, como la formación, calificación y entrenamiento de la fuerza laboral y el conocimiento profundo de las buenas prácticas microbiológicas y de aquello con lo que se trabaja.

 En los países con rentas bajas o medias, donde la tecnología es demasiado costosa, ¿están condenados a no hacer investigación con patógenos peligrosos? ¿Tienen menos derechos? ¿Tienen menos deberes? ¿Su Bioseguridad debe ser inferior por no tener la última tecnología al alcance? Diseñar, construir y mantener instalaciones complejas puede restar recursos ya de por sí limitados por las operaciones laboratoriales diarias, e impedir la formación adecuada y entrenamiento del personal es uno de los mensajes del artículo. Quizás lo que hay que hacer es volver a unos orígenes en los que la Bioseguridad sea función de formación y actividades procedimentales que se apoyan, pero no dependen exclusivamente, de la última tecnología.

 La Bioseguridad debe ser proporcional al peligro que se manipula y sostenible en el entorno donde se manipula.

 La categorización que estableció la OMS en grupos de riesgo microbiológico, en su momento, llevó asociada unos niveles por su segura manipulación. Sin embargo, según los autores, estos niveles de Bioseguridad, 1, 2, 3 (alta contención) y 4 (máxima contención) se han sacralizado, quizá, excesivamente, asumiendo una linealidad, lo que pertenece a GR3 debe manipularse siempre en un nivel de Bioseguridad 3, que no es correcta ... en numerosos casos.

 El riesgo de manipulación de un patógeno (o muestras que puedan contenerlo) es multifactorial. Depende de la cantidad (volumen) y potencia (título infeccioso, concentración), del agente que se manipula, de su dosis infecciosa y la patogenicidad, de la ruta de infección y de la facilidad para contagiarse, de la severidad de la infección (desde benigna a mortal), del endemicidad del patógeno (que es área dependiente; Zika es endémico en Brasil pero no lo es todavía en España), de la susceptibilidad de la población humana o animal que rodea actividad, de la actividad que hacemos con el patógeno (diagnóstico, propagación, infección en modelos animales, etc.) y de la competencia o entrenamiento del personal laboratorial..

 Muchos de los factores mencionados y que contribuyen al riesgo no pueden ser gestionados desde la pura tecnología y requieren una evaluación de riesgo, que será dependiente de área. Los autores consideran que no se puede hacer descansar la bioseguridad y la biocontención sólo en la tecnología porque se perderá de vista el factor ecológico y, más importante, el factor humano. Debe aplicarse una evaluación de riesgo que ponga en el centro la actividad y que seleccione la combinación de elementos y prácticas de Bioseguridad que mejor convengan con un set o combinación razonada y razonable de elementos tecnológicos (cabinas de seguridad biológica, EPIs específicos o soluciones de ingeniería).

 Obviamente, como la evaluación de riesgo será área dependiente para una misma actividad podemos tener varias evaluaciones que pueden ser todas ellas correctas. Todo esto llevará a que las actividades no quedarán categorizadas como ejecutándose en instalaciones de nivel 2 ó 3 ó 4, si no en un continuo de aproximaciones que reflejaría mejor la variabilidad de las actividades.

 No estaríamos inventando nada, por otra parte. Ya la OMS, al Laboratory Biosafety Manual de 2004 hablaba de la necesidad de hacer evaluaciones locales de riesgo. Pero resultó mucho más sencillo hacer extrapolaciones entre los grupos de riesgo microbiológico y los niveles de bioseguridad y biocontención, más automáticos y que piden un menor ejercicio mental. El resultado de todo esto es que la tecnología ha tensado fuertemente hacia arriba los costes de las instalaciones de contención sin caer que una evaluación de riesgo local, que tuviera en cuenta parámetros como la presencia del patógeno en el área (endemicidad) podría permitir una aproximación más proporcionada y sostenible, y por tanto más favorable para la salud humana y animal que toneladas de ingeniería. Porque, ¿qué sentido tendría construir una instalación de máxima contención, nivel 4, para trabajar con el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea Congo, VFHCC, un patógeno GR4, si tenemos infectados por VFHCC en el área, y garrapatas infectadas campan por la misma, al ser zona endémica? Este es el caso de Turquía; Turquía no necesita un NBS4, lo que necesita es una red de NBS2 mejorados o NBS3 para hacer diagnóstico rápidos. Esto implica una obvia reducción de costes pero pone el énfasis en los procedimientos y la formación del personal que manipula estas muestras.

En definitiva, a lo mejor lo que hay que poner en el centro son los procedimientos y el personal, su capacitación, entrenamiento y competencia, que han sido quizás demasiado abandonados mientras se perseguía el santo grial de la seguridad casi absoluta a través de la ingeniería. Porque como ya apuntaba Callaway, 2012, the strength of a chain is based on its weakest link, y en la carretera de las actividades con patógenos peligrosos, potencialmente letales, darle un Ferrari a un mono nos conducirá seguro al desastre, pero que una persona con carné (formada y cualificada) nos conduzca en un utilitario, puede que no sea demasiado cómodo, puede que no sea glamoroso, puede que no sea rápido, pero será, definitivamente, más seguro. Por cierto que esta comparación es mía, no del artículo.

Callaway, E. (2012). Biosafety concerns for labs in the developing world. Nature 485, 425.

 Heckert, R.A., Reed, J.C., Gmuender, F.K., Ellis, M., and Tonui, W. (2011). International biosafety and biosecurity challenges: suggestions for developing sustainable capacity in low-resource countries. Applied Biosafety. 16 (4),223-230.

 Kojima K, Makison C, Summermatter K, Bennett A, Heisz M, Blacksell SD, and McKinney M. (2018). Risk-based reboot for global lab biosafety. Science 360 (6386), 260-262.

 

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